El cantante que solo sabía cantar goles

Lun, 10/03/2016 - 11:35 -- periodista2
Jorge Turpo Rivas

Crhistian Sotomayor Cuadros, ex goleador del Melgarcambió la pelota por el micrófono y las canchas por los escenarios. ¿Existe edad para descubrir un nuevo talento?

 
 
El fútbol peruano es un escenario de talentos ocultos. Crhistian Sotomayor descubrió su capacidad para el canto a los veinticuatro años mientras jugaba para Alianza Lima, un equipo donde no tuvo la oportunidad de hacer tantos goles como en el Melgar de Arequipa. Pasó más horas en la banca que en la cancha. Un día, a mediados de 1999, compró un disco compacto con pistas musicales del bolerista Iván Cruz y cada que vez que iba y venía de los entrenamientos, lo ponía en la compactera de su automóvil y se echaba a cantar hasta quedar afónico, como cuando gritaba sus goles.
«A veces el ser humano no llega a descubrir los talentos que tiene. Si no le das un pincel a alguien que tiene talento para la pintura, quizás nunca lo sea». Sotomayor lo dice una década y media después convertido en un cantante que ofrece shows todos los fines de semana. Ha grabado un disco de boleros y alista el segundo. Ya no cosecha aplausos pateando una pelota. Lo hace con su voz.
 
A su esposa no la conquistó cantándole al oído ni llevándole serenatas. La conoció cuando estaba en tercero de secundaria y él en quinto. En esos días, la vida de Sotomayor se resumía en correr detrás de una pelota. De su garganta solo salía el sublime grito del fútbol: Gooool. Después de jugar en la selección del colegio Manuel Muñoz Nájar, donde estudió la primaria y secundaria, debutó a los catorce años en el Pro Hogar, un equipo de la tercera división del distrito de Miraflores. Con ese club ascendió a segunda y luego a primera división.
En el primer partido en esa categoría, Ernesto “Chivo” Neyra, su entrenador, lo dejó en la banca. Sotomayor se arrebató y se retiró del estadio. Se fue al Tingo María en la segunda división. Salió goleador y mejor jugador del año con ese equipo. Volvió a subir a primera y siguió anotando goles.
Un día lo visitó Samuel Zevallos, ex dirigente del Melgar, para decirle que el entrenador Héctor Berrio Vega había decidido convocar a los diez mejores jugadores de las ligas de fútbol de Arequipa para que hagan una prueba en el equipo profesional. Sotomayor era uno de ellos. «Fueron tres semanas de entrenamientos en triple horario en la cancha del Colegio Militar. Después del primer día ya no quise volver, pero sabía que era una gran oportunidad y continué», recuerda. Tenía diecisiete años y sus padres tuvieron que dar la autorización para que firme el contrato con Melgar. Ese año debutó como jugador profesional. Se quedó cuatro temporadas.
Había ingresado a la facultad de Agronomía de la UNSA, pero solo asistió a un par de clases y abandonó. Se quedó cuatro temporadas con la camiseta rojinegra. Anotó y cantó más de cuarenta goles.
 
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El más conocido y famoso personaje que ha pasado de las canchas de fútbol a los escenarios es Julio Iglesias. Fue arquero del Real Madrid hasta que un accidente, cuando tenía veinte años, le impidió seguir jugando. Tuvo una parálisis parcial durante un año y medio. Le dijeron que ya no podría volver a pararse debajo de un arco. Eladio Magdaleno, su enfermero, le regaló una guitarra para intentar sacarlo de su depresión. El Real Madrid perdió un arquero. España ganó un cantante.
Hay otros jugadores que también se han atrevido a incursionar en el canto, pero como aficionados. En Internet circulan videos del colombiano Faustino Asprilla cantando salsa con el grupo Niche. Diego Maradona canta junto a Rodrigo “El Potro” Bueno una canción dedicada a sí mismo y otra haciendo trío con los hermanos Galán de Pimpinela. Neymar canta en vivo “Ai si eu te pego” junto a Michel Teló. El ídolo de la naranja mecánica Johan Cruyff ensaya una vieja canción en 1969. Cristiano Ronaldo canta el bolero “Amor mío”. A Sergio Ramos le tiembla la voz cantando flamenco. Ronaldinho rapea con Eidicity. Carlos Tévez hace los coros de Bombón asesino. Paul Gascoigne rapea. Karim Benzema canta Hip Hop. Y hasta El Rey Pelé aparece tocando guitarra y cantando más afinado que Maradona. Crhistian Sotomayor no jugó en las grandes ligas ni acumuló los millones de esas estrellas, pero canta mejor que todos ellos.
– ¿Qué es más difícil: jugar ante cuarenta mil espectadores o cantar ante diez personas?
– Quien creyera, jugar a estadio lleno y salir a cantar ante diez personas te causan el mismo efecto. Pero cuando sales a jugar lo haces junto a diez compañeros, cuando cantas lo haces solo, por eso existe el pánico escénico. He jugado ante cuarenta mil y cantado ante diez personas, y no me fue mal–. Dice Sotomayor con pleno dominio escénico.
 
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Cuando le recuerdan su pasado futbolístico siempre le dicen que jamás se debió ir al Alianza. En ese equipo no brilló como lo hizo en Melgar. «En ese momento no recibía un buen trato en Melgar. No trataban bien al jugador local y la diferencia económica con Alianza era abismal», dice Sotomayor.
En Alianza –recuerda– se encontró con un personaje al que se niega decirle entrenador: Edgar Ospina. «Es una mala persona, después nos enteramos de las cosas malas que hacía». Alguna vez Ospina le insinuó que no había “arreglado” con él y por eso no lo colocaba con frecuencia en el equipo.
En el primer partido que jugó por Alianza lo puso faltando 15 minutos y anotó un gol. Ganaron 5-0 al Torino de Talara. El siguiente partido era contra Melgar en Arequipa. No lo puso ni un minuto. Así lo tuvo medio año. Pero Sotomayor también reconoce que en esos años la delantera del Alianza era muy competitiva. Tenían ocho jugadores en esa posición. Estaban Claudio Pizarro, Waldir Saenz, Gullit Reyes, Tressor Moreno, Pedro Ascoy, entre otros. «Yo cumplía mi trabajo, pero las cosas no se dieron».
Hasta que en el último partido del campeonato Apertura había varios lesionados y otros se habían ido a jugar por la selección Sub-23. Sotomayor era el único delantero. Había llegado la oportunidad para volverse a mostrar. «Pero el infeliz de Ospina subió a un juvenil, Reynaldo Reyes, para que juegue y me dejó en la banca», recuerda.
Entonces intervino Alberto Masías, ex presidente de Alianza. Le reclamó a Ospina y le dijo que si el equipo necesitaba a Sotomayor, lo ponga. El colombiano tuvo que hacerlo ingresar. Sotomayor anotó el gol del triunfo ante Cienciano. Se quedó dos años en Alianza. «Hay un manejo en el fútbol que debes conocer, por eso es importante tener un manager o un empresario que te coloque y te ayu de. Yo no tuve eso».
Luego partió al Aurich de Chiclayo, volvió al Melgar, lo ficharon por el Atlético Universidad y regresó al Melgar donde terminó su carrera profesional. Se lesionó las dos rodillas. Lo operaron tres veces. Se retiró a los 29 años cuando ya cantaba sin desafinar.
 
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En su casa la única que canta es su madre, Noemí Cuadros. En cada reunión familiar siempre puso las notas para la diversión. Muchos años después, cuando descubrió que podía cantar, Christian Sotomayor le tomó la posta y ahora es él quien canta desde boleros hasta rock. «En la familia me fui soltando, ponía el karaoke y me di cuenta que no salía mal».
El fútbol le enseñó a ser perseverante y disciplinado. También le dio cierta fama que ahora le favorece como cantante. Nunca pensó en ponerse un nombre artístico. Le bastó ser Christian Sotomayor. «Cantar no es fácil. Es como el fútbol, si quieres jugar tienes que entrenar, si quieres cantar tienes que ensayar».
Sus shows en matrimonios, cumpleaños y toda clase de compromisos, lo hace solo. Lleva sus equipos de sonido profesionales y coloca pistas musicales. «A veces voy con el “Parcero”, un amigo colombiano que canta salsa».
El canto le genera un ingreso extra. Sotomayor trabaja en la Universidad Andina Néstor Cáceres de Juliaca como jefe de cultura, recreación y deportes. El fútbol lo llevó allí. Una vez que se retiró de la actividad profesional jugó la Copa Perú por el Huracán, Senati y la Universidad Andina. Como las lesiones recrudecieron, dejó el fútbol cerca de cinco años, pero hace tres volvió a la Liga Senior de Arequipa con el Huracancito. Hace dos semanas se coronaron tricampeones. Durante el festejo improvisó algunas canciones para sus amigos en el estadio de Bellapampa.
En Juliaca vive con su esposa Luz Marina y sus tres hijos. «A ella no la conquisté cantando, ni siquiera por el fútbol porque nos conocimos cuando éramos escolares», recuerda. Y todavía no la conquista con su canto. Luz Marina es su mayor crítica. Todavía no la gana como fan. «Poco a poco ya lo estoy logrando», dice.
Como en el fútbol, Sotomayor sabe que la competencia en el canto es dura. No se ve participando como imitador de algún cantante en Yo Soy, pero sí le gustaría participar en La Voz Perú. «Lo haría sin pensarlo dos veces, me ayudaría a promocionarme y, quién sabe, quizás las cosas se den y puedo ganar».
Si Sotomayor estuviera equivocado, no tendría contratos para cantar todos los fines de semana. Y lo bueno es que como cantante nadie lo sienta en la banca de suplentes.
 
DATO
Los shows de Christian Sotomayor se pueden contratar en el celular 989031468.
 
 
 
 
 
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