Los árboles tatuados de Selva Alegre

Mié, 09/14/2016 - 20:08 -- periodista2
Jorge Turpo
¿Dibujar un corazón en un tronco te garantiza amor eterno?
 
Uno diría que los árboles del parque Selva Alegre son de carne y hueso. Que tienen piel para tatuar, ojos para espiar y hasta corazón para partir. Árboles de los sentimientos y los sentidos.
El amor florece en el extremo norte de este parque. Es el rincón de los enamorados. No les basta con besarse, acariciarse, volverse cíclopes mirándose a los ojos de cerca, muy de cerca. Tampoco les alcanza con acobijarse echados debajo de un frondoso eucalipto, ni rodar en el pasto frotando sus cuerpos. Es como si allí una máquina del tiempo los devolviera a las cavernas y se convirtieran en artistas rupestres.
Sacan un objeto punzante, tallan sus nombres o iniciales y los rodean con un corazón. Algunos más modernos lo hacen con un plumón o lapicero de tinta. Sellan su amor en la corteza de los árboles añejos. Los convierten en sus cómplices mientras dure el idilio. “Que rico duele el amor”.
Y uno se retira pensando. Deseando. Ojalá nunca tenga que informar sobre algún novio o novia que acabó con la vida de su amado(a) con la misma herramienta punzocortante con la que tatuó un corazón en un árbol del parque Selva Alegre.
 
 
 
 
 
 
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