El negociador

Lun, 09/19/2016 - 04:40 -- raquel sumire
Jorge Turpo Rivas

José Luis Cavero no tiene casa propia, recorrió medio Perú como mormón, se hizo amigo del alcalde Alfredo Zegarra y su vida cambió para siempre. ¿Quién es el hombre que se encarga de dialogar y negociar con los invasores de tierras en Arequipa?

 

José Luis Cavero ha dejado de asistir los domingos a su iglesia mormona para recorrer los pueblos jóvenes de Arequipa. Hace cinco años vive en eterna campaña política. Y dice que no lo hace por él, sino por el alcalde Alfredo Zegarra, su amigo y jefe.
 
– ¿Te gustaría verlo como gobernador regional?
– Por supuesto. Estamos trabajando para eso. Yo no voy a negar que directa o indirectamente, si mi trabajo es más efectivo, quien va a ganar es él. Es el líder del movimiento. Y cuando salió la ley de la no reelección le dijimos que no queda otra, que si quiere seguir progresando el camino natural es el Gobierno Regional–. Respondió.
Como jefe de la oficina de solución de conflictos de la Municipalidad Provincial, Cavero tiene a su cargo dialogar, conciliar y negociar con los invasores de terrenos que buscan un título de propiedad. Representan un importante colchón de votos.
Solo en la primera gestión edil de Alfredo Zegarra se titularon a más de veinte mil invasores de terrenos que eran de la comuna provincial.
Las normas han cambiado y ya no se puede titular a quienes invaden terrenos. Pero se siguen produciendo invasiones con la esperanza de que en los siguientes años algún político cambie las reglas y les permita ser los nuevos dueños de esas tierras.
Cavero dice que los malos políticos institucionalizaron medidas a favor de los invasores: “La política de métete a ese terreno y después lo arreglamos”.
La situación se salió de control y los traficantes de terrenos se multiplicaron. Ahora son el principal dolor de cabeza de Cavero. Siete personas muertas es el saldo que ha dejado esta actividad ilegal.
“Quienes trafican con terrenos -explica- no quieren una solución a los problemas. Se meten a tierras que luego venden a diez mil soles o más”.
Algunos creen que Cavero tiene más poder que muchos gerentes del municipio. Aunque él no firma ningún papel, la confianza que le tiene el alcalde Alfredo Zegarra hace que ejerza un poder político importante.
Su función, en el caso de las invasiones, es hablar con los posesionarios y advertirles que no se dejen sorprender y no paguen dinero a los dirigentes. “Por eso algunos  dirigentes dicen que soy el enemigo de los pueblos porque perjudico sus intereses”, refiere.
 
NEGOCIAR
Muchas negociaciones se cierran con una taza de café, pero Cavero no toma cafeína. Se hizo mormón a los dieciséis años y no prueba esa bebida desde entonces. “Evito tener reuniones fuera de la oficina, me invitan muchas veces, pero prefiero dialogar solo aquí”.
Y en ese proceso ha sido tentado muchas veces con ofrecimientos de terrenos y hasta dinero en efectivo. “Me han tratado de dar el dinero que yo ganaría en veinte años”.
Cavero no tiene casa propia. Vive en una alquilada en Cerro Colorado donde tiene un gimnasio personal en el que entrena todas las mañanas. El negociador es cinturón negro en Karate y pertenece a la Asociación Latinoamericana de Fondistas.
“Yo no soy un santo -dice-, pero no rompo las reglas, jamás recibiría nada que venga de las lágrimas y sudor de personas humildes de las que se aprovechan los dirigentes”.
Él es como la imagen del municipio ante los pueblos jóvenes. Todos los domingos participa de las asambleas populares entre las seis y cuatro de la tarde. Reconoce que para la campaña de reelección de Alfredo Zegarra en el 2014, prometió entregar títulos de propiedad a varias asociaciones. “Pero primero averiguamos si era posible, no prometimos lo que no podíamos hacer”.
No siempre fue pacifista. En su niñez tuvo problemas de conducta. Estuvieron a punto de expulsarlo del colegio José Luis Del Carpio por sus constantes peleas. “Era terrible, violento y conflictivo”, recordó.
Todo cambió cuando entró a la secundaria y lo sentaron junto a Amparo, una compañera de la que se enamoró y dio un giro a su existencia. “Nunca más le levanté la mano a nadie, dejé de hablar groserías y hasta me bañaba todos los días”.
No pudo estar con Amparo pero ganó mucho con su amistad. Años después, cuando cumplió los dieciséis, se acercó a la iglesia mormona y se quedó allí. Durante dos años, como Elder Cavero, recorrió medio país predicando. Ahora conserva un anillo con las letras HLJ, significan: Has lo justo.
Ahora que está próximo a cumplir cuarenta y ocho años de edad, Cavero dice que solo es candidato al reino de Dios. No descarta ser candidato político, pero considera que es una posibilidad lejana. “El alcalde de Cerro Colorado Manuel Vera, parece mi publicista hablando mal de mí todo el tiempo, pero ya le dije que solo soy candidato al reino de Dios”.
 
AMISTAD
Cavero es licenciado de Educación y egresado de Periodismo. Cuando hacía periodismo deportivo, en la primera mitad de la década de 1990, conoció a Alfredo Zegarra quiene era presidente del club Sportivo Huracán. Llegó a ser jefe de prensa del equipo. Nunca olvidará la final de la Copa Perú en Lima frente a La Loretana.
Un día antes del partido apareció en el hotel un dirigente con el árbitro del partido. “Hablaron con Zegarra y le pidieron 5 mil dólares para hacer que gane el Huracán -cuenta Cavero-. No aceptó y ahí cambió mi percepción de él y creció nuestra amistad”.
Al día siguiente Huracán perdió uno a cero y no ascendió al fútbol profesional. Alfredo Zegarra, al poco tiempo fue elegido alcalde de José Luis Bustamante y Rivero.
Cavero es empleado civil de la Fuerza Aérea, pero trabaja destacado en la gestión de Zegarra. Antes de ser jefe de la oficina de conflictos, fue asesor de alcaldía con un sueldo de 5 mil soles. Duró tres meses antes de ser cambiado a su cargo actual donde gana 3 mil 500 soles.
“Me ensarté porque cuando ganaba 5 mil soles saqué un préstamo para comprarme un carro y ahora he tenido que refinanciarlo porque me redujeron el sueldo”, dice.
Reconoce que ha cometido errores pero niega que desde su cargo vulnere las normas o cometa delitos. Tiene catorce denuncias de dirigentes de invasiones que lo acusan de abuso de autoridad y hasta por difamación.
Cavero usa tirantes para sujetar sus pantalones. Los lleva desde que era niño. Su look incluye afeitarse la cabeza cada semana. “Ya no me imagino con cabello”. Separado de la madre de su hija hace un tiempo, vive dedicado a su labor en el municipio. Solo los sábados aprovecha para hacer deporte y descansar un poco. Los domingos vuelve a su rutina de recorrer las invasiones. “Mi iglesia -dice- se han vueltos los pueblos jóvenes. Vivo en eterna campaña”.
 
 
 
 
 
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