Mazeira: “Me quedo con el paraíso de la infancia y el sueño de meter un gol con el Melgar”

Mar, 01/31/2017 - 14:57 -- paolagomez
Jorge Turpo Rivas

Orlando Mazeyra Guillén presenta dos libros de relatos.

 
No hay nada más solitario que el acto de escribir. Pero Orlando Mazeyra Guillén también sabe disfrutar de las multitudes. Lo hace cada vez que juega el Melgar en el estadio de la UNSA.
Desde su asiento grita, carajea, se enoja, se alegra y festeja como cualquier hincha. El escritor arequipeño reaparece con dos nuevos libros: Bitácora del último de los veleros (Aletheya - 2016) e Instrucciones para saltar al abismo (Doce Ángulos - 2016). Podrían ser –dice Mazeyra– el Lado A y Lado B de un viejo casete. A diferencia de su anterior libro Mi familia y otras miserias, donde descargó todo su resentimiento a la autoridad paterna, ahora se enfoca más en el desamor y otras vivencias, aunque no deja de ajustar cuentas con su padre en algunos relatos.
 
¿Ya sabes qué sería de ti si no escribirías?
–No sé. De  repente podría dejar de hacerlo. Tratar de escribir de otras cosas. Mi deseo no es dejar de escribir si no empezar a escribir como si  fuera un hombre nuevo.
 
¿Qué duele más: la mala relación con un padre o que te deje una novia?
–Creo que te duele más que te deje una chica que amas. Porque a los padres los tienes ahí a pesar de todo. Yo escribí de mi padre y lo mal que nos llevamos, pero es mi padre, es mi sangre. En el caso de la madre, a ella no le queda más que amar a su hijo porque es su sangre. Pero en el caso de la mujer que te elige, lo hace por una libre decisión no es una imposición de la naturaleza. Es más doloroso porque ella te elige y te conoce en tus yerros y en tus posibilidades. Y cuando consigues cosas bonitas con ella, estar solo es algo terrible.
 
En los relatos de Bitácora da la impresión que has empezado  a entender mejor a tu padre y hasta lo tratas con un poco de ternura.
–Sí. Hay algunos que piensan que uno sigue encarnizando con la familia o la figura paterna. Creo que ya no es así y en este libro está más matizado. Existe un deseo de comprender. Uno de mis relatos se llama “Mi viejo” donde trato de comprender cómo todos los seres humanos de alguna manera nos jodemos. Quiero entender en qué momento mi padre se alejó de lo que más le apasionaba que era la poesía y la literatura, hasta le escribía cartas de amor a mi mamá. Toda la literatura, por más que sea escrita con rabia, procura la reconciliación.
 
¿Por qué la prosa y no la poesía?
–Nunca me sentí poeta. Y los poemas que por ahí escribí eran huachafísimos. Eran sobre  el pisco o exaltar lo peruano. Huachafo. Era nacionalismo barato. Ahí me di cuenta que no era lo mío. Ojalá no se molesten mis amigos poetas pero si ahora levantamos una piedra o nos levantamos de la banca, encontramos diez poetas. Cualquiera se hace llamar poeta.
Yo estoy convencido de algo: ni siquiera sé si todavía soy escritor. Estudié ingeniería, pero sí deseo ser escritor, siento que es mi oficio, pero siento que termino de aprender nunca.
 
¿Por qué huiste del periodismo?
–No huí del periodismo, huí del caos de la Escuela de Comunicación de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA).
 
¿Esta ciudad te inspira algo?
–Me inspira todo. Pero a la  vez que es un estímulo, es algo que me fatiga que me destruye porque cualquier rincón de la ciudad me remite al amor perdido.
La Plaza de Armas, la calle San Francisco, cualquier mall, el estadio de la UNSA, todo. En cada calle me pasaron cosas increíbles, por ejemplo un día iba con Micaela y me encontré con don Carlos Meneses (director de El Pueblo).
A ella la miró con mucha ternura como si fuera su abuelito. Le dijo cuídalo a Mazeyra, sé que es complicado, pero entiéndelo. Ella se conmovió. Esas escenas simples pero memorables me ocurrieron en las calles de Arequipa.
 
¿Sigues luchando por ella o ya es un amor perdido?
–Podría decirte tantas cosas. Una de las razones por las que me dejó fue porque yo no quería casarme. Hasta ahora no creo en el matrimonio y ella ya decidió, cambió de rumbo y buscó otra persona en la que encontró el amor que no encontró en mí. A veces quisiera cambiar el tiempo. Si te digo que me he rendido te mentiría. Siempre está la desesperación de que las cosas puedan cambiar.
 
¿Lloraste, brindaste o te negaste a creer cuando te dieron la noticia de que falleció Oswaldo Reynoso?
–No lo creía al comienzo, creí que era una broma de mal gusto, sobre todo que ahora matan a tanta gente en las redes sociales. Llamé por teléfono a su casa y me contestó José, el joven que lo cuidaba, me dijo que sí, que Oswaldo había muerto de un infarto.
Yo lo quería como un hermano mayor. Y recién sentí el dolor de su pérdida cuando hace unas semanas viajé a Lima y tuve ganas de ir a su casa como siempre lo hacía, pero un amigo me hizo entrar en razón. Recién sentí el remezón de que ya no volvería a verlo.
 
¿Eres capaz de cualquier cosa para poder seguir escribiendo?
–Puedo dejar de lado cualquier cosa, escribir es lo más sagrado, lo más amado. Para mí la literatura está por encima de todo. Me gustaría que mi literatura tuviera otra mirada, que se preocupe de otras cosas, otros temas. Quizás haciendo eso surjan cosas mejores.
 
¿Saltarás a la novela o te quedarás en el cuento?
–Bitácora es como una novela implícita, pero formalmente no es una novela. Quizás ahí está el deseo de que con estos dos libros trate de decir aquí se cierra el círculo y dejo los relatos cortos y paso a la novela, pero uno no sabe lo que pueda pasar más adelante.
 
¿Disfrutas más leyendo un libro o mirando jugar al Melgar?
–Es una pregunta bien complicada. Mi primera pasión fue el fútbol, mi primer sueño fue  jugar a estadio lleno y meter un gol por el Melgar. Ese niño todavía está mí. Yo creo que si me dan a escoger entre un libro y Melgar, me quedo con ver ganar al Melgar, que pierda no. Me quedo con ese paraíso de la infancia y el sueño del gol.
 
¿Compartes lo que dice Ray Loriga sobre que hay que escribir borracho y corregir de sano o prefieres a Bryce que dice que es mejor escribir de sano y corregir de borracho porque con copas eres más osado?
–De borracho no funciona nada. Pero te mentiría si te digo que yo solo escribo de sano. Muchas veces cuando he bebido en exceso y estoy con la resaca, me pongo a escribir para escapar de esa locura.
Salen algunos borradores. He escrito resaqueado no borracho. Es un absurdo. Y lo que dice Bryce, no sé, creo que es parte de ese personaje que crea Bryce de él mismo. Yo creo que lo que pasó con sus acusaciones de plagio le ocurrió por culpa del alcohol, no cumplió con enviar sus escritos que le pedían y envió textos de otros autores.
 
¿Qué piensas del alcalde que nos gobierna? (Alfredo Zegarra)
–Creo que es un figureti, lo veo como un personaje de Yo  Soy. Le encanta entregar la medalla de la cultura a gente  de la televisión, yo creo que le  gustaría salir en realities, participar en Combate o en Esto es Guerra. Por eso le interesa tanto la apariencia exterior, moldear su bigote. Es pura peliculina. Lo lamento, ojalá  pueda corregir lo mal andado. En el aspecto cultural el alcalde no ayuda en nada.
 
¿Y la gobernadora regional? (Yamila Osorio)
–La señorita ha puesto todo su interés y recursos en el Hay Festival y le ha quitado el apoyo a la Feria del Libro. Creo que solo una persona que está tan alejada de la cultura puede pensar que un Hay Festival puede reemplazar a una Feria de Libro. El Hay Festival es una fiesta de las ideas y de aproximarte a los intelectuales que llegan, pero una Feria de Libro te permite acercarte al autor y a sus libros, dejarla de lado me parece absurdo. La Feria del Libro de Arequipa estaba encaminada. Pero ahora tendríamos que pensar en hacer una feria itinerante con autores arequipeños, irnos a distritos  y mostrar nuestras obras. Esa podría ser una alternativa.
 
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