Decepción interrumpida

Mar, 02/14/2017 - 13:32 -- paolagomez
Patrick O’Brien

Una mirada crítica a las actividades culturales del 2016 en Arequipa y lo que podría hacerse para mejorarlas.

 
Arequipa no es la ciudad que merecemos y está muy lejos de serlo, pero se sostiene, pasan cosas, y se quiera o no, cambia: lenta, confusa, más por fuerza, más por ímpetu que por destreza, sin un norte claro y con una sinuosidad extrema que a veces, con mucha frecuencia, puede parecer que retrocede y lo hace, que colapsa, que se quiebra, pero finalmente algo se rompe y avanza. En La ciudad, individual o colectivamente siempre suceden cosas para el aplauso.
En un año marcado por la muerte de mucha gente que dejó una estela sobre la marcada mediocridad del medio, se han producido en el ámbito cultural muchas cosas que resaltar,  se han publicado muy buenos libros y celebrado eventos importantes: los 10 años del Festival de Libro que este año hizo tres ferias en Arequipa y una en Puno, el Hay Festival,  y múltiples esfuerzos colectivos e individuales en tareas creativas que van del teatro al cine y de la plástica a la música.
A pesar de ello la administración de la ciudad parece estar de espaldas a la realidad. Sin norte.  Alejada del poblador, de la política y desde luego de la cultura.
Por eso los esfuerzos parecen precarios, insuficientes e inorgánicos, alejados del poblador, tanto por su escasa convocatoria o su pobrísimo rebote en redes y medios convencionales, da la impresión que la máxima aspiración cultural de la ciudad es solo sobrevivir y llegar a poco menos del 0.5% de la población.
El entusiasmo de algunos por el Hay Festival es comprensible porque es muy bueno, siempre, que se propicie eventos culturales, pero el análisis que hacen parece quedarse en la mera satisfacción personal o la de las dos mil o tres mil personas que asistieron a los diferentes eventos los 4 días que duro el festival. Su análisis se reduce a la ausencia de análisis.
Pero vayamos al centro de la crítica, la que radica que no se puede prescindir de políticas culturales coherentes y articuladas por la implementación de un festival por prestigioso que este sea, para alimentar las pretensiones intelectuales de una elite que por otro lado podría conseguir resultados similares leyendo un par de libros.
Por lo que no es una crítica a la organización del Hay Festival, que las tiene y muchas, sino a la insolvencia en la gestión cultural del Gobierno Regional, de la Municipalidad Provincial y de las municipalidades distritales pero sobre todo al Ministerio de Cultura que parece no entender su rol.
La política cultural de la ciudad debe primero reconocer que Arequipa es una ciudad mestiza y multicultural y que por lo tanto debe desarrollar programas interculturales. La diversidad es un eje en el proceso cultural y la cultura como una política de la diversidad es una fase necesaria para la construcción de ciudadanía y de fortalecimiento de la función cultural y urbana de la ciudad.
Segundo, hasta que no se dé un salto cualitativo  en los soportes tecnológicos, el libro, físico y virtual, es el principal vehículo para el desarrollo humano. Y no existen programas implementados a nivel local o regional para fomentar lectores críticos.
Tercero, la convocatoria de las actividades culturales es mínima y por lo tanto la población en un alto porcentaje es excluida de los pocos esfuerzos que desde el estado se hace por el fomento cultural.
Cuarto, una sociedad que no crea conocimiento, que no produce cultura, es una sociedad estéril (con todo lo que eso implica), los incentivos a la producción intelectual son fundamentales.
Quinto, el estado debe priorizar los espacios donde las precarias industrias culturales no llegan y generar espacios donde los monopolios impiden el desarrollo cultural de la ciudad, como en el caso del cine que es uno de los pocos esfuerzos reales del estado por dar impulso al desarrollo de alguna de las artes, y casi excluyente con otros procesos de creación intelectual y artística en otras disciplinas. Un esfuerzo que por otro lado se ve fracturado, cuando las películas ganadoras de la subvención descentralizada no logran  convocar a 2000 personas.
Sexto estimular y garantizar la pluralidad y diversidad de pensamiento. Estos son los fundamentos mínimos que debería considerar una gestión cultural de un gobierno regional o local. 
Pero a la falta de políticas culturales se suma la intolerancia e impericia que hace oprobiosa la gestión municipal que nos representa. Lo peor del año está marcado por la candorosa torpeza, y no por ello deja de ser peligrosa y nociva la intromisión en el espacio y el derecho del otro, que llevo a la censura de la muestra colectiva Outside 5, según ha publicado su principal gestor y curador de la muestra, se debió a la propuesta del artista Jesús Álvarez que hacía una propuesta provocadora sobre los derechos sexuales de una minoría. Que la obra  pueda resultar incomoda o grotesca,  no es justificación para cerrar la muestra, más allá que al hacerlo le da la dimensión que el artista buscaba, considerando que luego de la inauguración el público que la vería no superaría las cien personas. Luego de la censura el rebote local y nacional es considerablemente mayor a lo que podría haber producido si se hubiera quedado un año entero exhibiéndose en la sala de la Alianza Francesa.
Queda ser optimistas y esperar que el vacío que dejan las gestiones del Gobierno Regional, los gobiernos locales y el Ministerio de Cultura, sean llenadas por otras instituciones y por el esfuerzo individual y colectivo de artistas y trabajadores culturales.
Por ello es tan saludable que la Universidad Nacional de San Agustín esté recuperando uno de los espacios emblemáticos de la ciudad para una propuesta cultural que podría darle una dimensión diferente a la ciudad. El 2017 debe consolidarse este proyecto, encabezado por el poeta José Gabriel Valdivia como uno de los aportes más sólidos al desarrollo de la ciudad.
El próximo año esperamos que el Festival del libro continúe con su importante gestión cultural, que vuelvan la FIL y el festival de arte contemporáneo y político Construye, que la labor cinematográfica continúe con la (nueva) subvención a la propuesta de la productora Vía Expresa con el largometraje “La Cantera” del cineasta Miguel Barreda y a la iniciativa personal del también cineasta Roger Acosta con su proyecto “La procesión de las Almas”, que continúe la sólida labor teatral de Arte escénica y de Teatro Umbral.
Una mención especial a la sobresaliente labor editorial y literaria  que produce Arequipa, la implementación de la ley de puntos de cultura que puede producir una renovación importante en la gestión cultural, tendremos también una versión mejorada del Hay Festival, pero este año el Gobierno Regional exigiría a la organización una mayor presencia en la ciudad y región e involucrar de manera más directa a la universidad nacional, además que cumplan con el programa aprobado, no más cancelaciones de último minuto.
Cabría esperar que los municipios distritales y el provincial y el Gobierno Regional y el Ministerio de Cultura hagan su trabajo, pero eso quizá sea mucho pedir.
El Estado, al menos, no debiera ser una muralla, no por invisible menos infranqueable, inmutable. El Estado parece ajeno, ajeno al poblador  y por lo tanto alejado de su objetivo.