Pelota de fútbol, el mejor juguete

Vie, 02/10/2017 - 13:37 -- paolagomez
Jorge Turpo Rivas
Desde que mi hermano Hugo me llevó por primera vez a un estadio de fútbol cuando había cumplido cinco años, siempre esperaba con ansias el momento en que cada jugador saltaba a la cancha con una pelota bajo el brazo y luego las pateaban como regalo a las tribunas.
Así empezaba el espectáculo. Con un premio a los hinchas. Cada pelota era una expresión de agradecimiento. Un acto de amor redondo. Hasta superar la infancia nunca perdí la esperanza de que algún domingo un jugador apunte a mi butaca.
No llegó ese día, pero igual me alegré con la fortuna de otros que pudieron regresar a casa con una pelota entre manos. Esa costumbre se ha perdido. Los jugadores ya no regalan nada antes del partido.
Solo levantan los brazos para que los aplaudan y se dan la mano entre ellos y con los árbitros. No es su culpa. Los dirigentes son responsables de la organización.
Mi rodar por el mundo en esos años se puede resumir en las pelotas que fui pateando en patios, parques, canchas y calles. Cada pelota que me regalaban era una nueva promesa de felicidad.
Hasta las viejas pelotas de cuero que heredé de mis hermanos mayores me regalaron paz y momentos perpetuos.
Aprendí a cambiarles de blader (globo de jebe) cuando se reventaban. En tiempos del reino del  Play Station y celulares con infinitos juegos, la pelota sigue siendo el juguete que hace más feliz a un niño.
La empresa 118 118 Money hizo un sondeo, hace unas semanas, a mil papás. Les preguntaron sobre los regalos navideños con los que sus hijos  habían jugado más el año pasado.
La respuesta mayoritaria fue: la pelota. Le siguieron el hula hula, las pistolas de agua, figuras de superhéroes, muñecas y  plastilinas. Todos, juguetes tradicionales que cuestan mucho menos que los regalos de moda.
Un país con menos pelotas para regalar es un país menos feliz. Y la crisis en Venezuela ha empezado a golpear a los niños  por el lado más doloroso. Como en todas las ligas de béisbol del mundo, en Venezuela también es una costumbre regalar pelotas a los aficionados en los estadios.
Pero como la crisis remece todos los ámbitos, la Liga Venezolana de Béisbol Profesional ha pedido a sus ocho clubes que no regalen pelotas en  exceso.
Ocurre que las pelotas son importadas y no hay dinero suficiente para hacer más pedidos. Regalarlas en exceso podría provocar la suspensión del torneo. Se calcula que en cada encuentro se regalaban cerca de cien pelotas, un número exagerado según los dirigentes.
El acuerdo es solo regalar la bola usada en el cierre de cada entrada, así como la del último "out". Solo tres por capítulo, además de las que se pierden por los golpes largos o “vuelacercas”. Si algún jugador se atreve a regalar una pelota de más, será multado.
Pero nunca faltan los rebeldes con causa que se aferran a repartir un  poquito de felicidad. «Dejaré mi sueldo con las multas, pero más emoción tiene un niño cuando le das una pelota», declaró a la prensa  Tomás Telis, jugador de los Caribes de Anzoátegui.
«Ahora nos van a multar por regalar pelotas a los  fanáticos. Pues me las llevo y las regalo por fuera», le siguió José "Cafecito"  Martínez, de los Tiburones  de La Guaira.
Ninguna crisis, ni siquiera una guerra, debería negarle una pelota a un niño. Yo conocí la felicidad cuando aprendí a patear  una pelota. Después el mundo, redondo por  sus cuatro costados, me enseñó que también debes aprender a patear latas. Pero esa es otra historia.